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"The Peacemaker"

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"The Peacemaker"

Mensaje por Aoi Revenge el Vie Jul 19, 2013 10:58 am


"The Peacemaker"

- Parte III -

El desierto no es fácil dicen, y así parece serlo. Los viajes en él se vuelven interminables, el sol azotador de las tardes, generando esa sequía agotadora, la cual produce sed con sólo imaginarlo, de forma contraria a lo que ocurre en las noches heladas, pero así se forman los viajeros.

Y así es, de esta forma viajaban nuestros dos personajes. Un viejo borracho llamado Frank Marlon, reconocido en el mundo por ser uno de los armeros más famosos, aunque hacía ya un tiempo había dejado su profesión, y se había metido en el mundo del alcoholismo, a causa de una depresión producida por algo que el viejo siempre mantuvo oculto. Aún así, seguía fabricando armas por encargo, para talentosos tiradores, aunque de forma más discreta. Y su inexperto aprendiz, un chico llamado Aoi, el cual hablaba demasiado y se mantenía siempre al margen de los vicios de su maestro. Se habían conocido por accidente recordemos, cuando el joven aún dormía en las calles, particularmente frente a una cantina, y día a día observaba los problemas que traía el beber para los hombres.

Pasaba frío por las noches, sin mencionar hambre, y vivía de lo que robaba a los borrachos. Así pues, conoció a Marlon, un día en el que este visitó su pueblo, y tras robarle una Colt calibre .45 se hicieron amigos, luego de haber sido espectadores en el momento clave, cuando el chico le salvaba la vida al borracho, utilizando la misma arma que antes le había robado al mísero, siendo este último sorprendido, y finalmente, con la condición de que la utilizara para salvar vidas inocentes, regaló su arma favorita.

Y así pues, conoció a Frank, y juntos viajaron. Aunque, sus personalidades contrastaban demasiado, y las peleas eran frecuentes. en este momento no se hablaban debido a un altercado anterior, aunque en verdad, era Aoi que no quería hablar, no sabía qué decir, después de haberle disparado al propio Frank, con el arma que este último le había regalado.

Frank en cambio no estaba molesto, ya que él retó al chico a hacerlo, y sabía de su inexperiencia. Pero sin embargo, tampoco decía nada, tal vez disfrutaba de la situación, o lo veía como una etapa de aprendizaje para su joven discípulo. A la mañana siguiente tras el incidente, Aoi se encontraba dormido en la parte posterior del carruaje en el cual se transportaban, cuando oyó al viejo hablarle. - Oye, despierta. Ya casi hemos llegado a la ciudad. Date prisa, bajaremos aquí unos minutos, y luego partiremos. - Mencionaba alto pues el ruido de los caballos interfería.

A lo mejor la idea del veterano era darle al joven tiempo de despabilarse un tanto y no llegar todo somnoliento a la ciudad, era algo bastante considerado de su parte. Y así pues, paró la marcha a algo así como un kilómetro de su destino final. La ciudad se veía con claridad en el horizonte, aunque no era demasiado grande a decir verdad.

Ya con ambos pies sobre el suelo, el chico caminaba un tanto, intentando desperezarse un poco. Entonces comenzaba a estirarse, mientras se escapaba un gran bostezo desde su boca. Con energías renovadas, estaba listo para nuevas aventuras. Mientras tanto el armero, tenía una taza de café en mano, lista para el muchacho, quien sorprendido tomaba la loza entre sus dedos fríos, sintiendo el calor que la misma emitía, sin mencionar ese aroma suculento que ya lo hacía entrar en calor. - Gr-Gracias... - Mencionaba algo tímido.

Tal vez eso significaba hacer las paces, Aoi no estaba seguro, pero se moría de hambre, por lo que tomó algo de pan, y posteriormente dio el primer sorbo a su bebida. - Ahhh... - Exhalaba, verdaderamente era sabroso al parecer. ¿Algo bueno sabía hacer Frank, además de armas? Pues así se notaba.

En pocos minutos el joven ya había terminado, y además higienizado lo suficiente tras unos cuántos días de viaje sin detenciones. Frank en cambio se veía bastante lúcido, y por suerte no tenía olor a alcohol, algo que dejaba tranquilo al joven. Aunque, le preocupaba que hiciera lo mismo que cuando visitó el pueblo en el que residía Aoi, emborracharse y ser sacado a patadas. ¿Se metería en problemas de nuevo? Eran cosas que le generaban ciertas dudas al chico.

En ese entonces, un sonido estrepitoso se oía no muy lejos. Tras voltearse, tanto Aoi como el viejo, podían ver una banda de al menos seis tipos cabalgar con rapidez rumbo hacia la ciudad. Se veía bastante extraño, o por lo menos eso aparentaba. Para entonces, el viejo ya tenía todo en su sitio, y apresuraba al chico a subirse al carruaje. Les habría tomado treinta minutos llegar a la ciudad, no más de eso.

Lo extraño era... Que no había nadie en las calles. Tanto alboroto que se podía ver con anterioridad, incluso desde lo lejos, no se demostraba en lo absoluto, parecía que todos estaban resguardados en su hogar. De cualquier modo, parecía haber actividad en la cantina del lugar, y en ese momento, Aoi mencionó unas palabras. - Hoy no habrá alcohol, por lo menos primero compremos comida y pasemos la noche, tal vez mañana al partir. Espero esta no sea la razón de su visita. - Tras oírle, el veterano reía un tanto a carcajadas, ignorando que estas eran las primeras palabras que lograba mencionar el chico luego de dos días enmudecido, y no era otra cosa que un regaño. - No te preocupes, sé que debes dormir y comer bien, ante todo soy un hombre de palabra. Luego sí, entregaré algunas armas que me han encargado, y con ese dinero compraremos provisiones para viajar aún más lejos. - Así le respondía, por lo que dejaba un poco más tranquilo al joven.

Luego de unos minutos recorriendo las sendas del lugar, decidieron amarrar a los equinos, y bajar su equipaje, pues se encontraban frente a una casa para huéspedes. Allí Frank pagó para pasar dos noches, y tras acomodarse ligeramente, pidió para comer. Pasaron allí algunas horas, hasta que el viejo decidió ir a entregar su trabajo, por lo que le pidió a Aoi le acompañase.

Tras abrir el cofre, el viejo tomaba una Jericho 941, una pistola automática de tecnología bastante avanzada, además, modificada por el armero mismo. Sumado a otras armas de menor gama, en total unas diez, no más de eso. Las llevaron a lo que parecía una casona abandonada, pero en el interior, había gente. ¿Quién estaría allí?

Al entrar, el viejo no tuvo sorpresa ninguna, en cambio Aoi veía que eran los sujetos que habían cruzado anteriormente pero, ¿no eran delincuentes después de todo? Así entonces, el viejo se ponía a hablar con quien parecía ser el líder, y tras entregarle las armas, recibió su paga, una gran suma de berries.

Los hombres se peleaban por tomar las armas, mientras que el líder tomaba la Jericho, y se mostraba ansioso por gatillarla, aunque veía con interés al muchacho, el más joven en aquel deteriorado recinto. - Oye niño, ¿sabes disparar? - Preguntaba el fulano, por lo que Aoi alardeando como de costumbre, respondía afirmativamente. - Pues sí, lo he hecho ya algunas veces. - Y sonriente, el hombre le entregaba su pistola, y le pedía dispararle a algunas botellas, aunque el muchacho se mostraba desentendido.

- Te explicaré para que te quedes tranquilo. Según Frank, estas armas modernas son más fáciles de utilizar, tanto que un niño podría disparar una y quiero comprobar si es verdad, o sólo me ha estado engañando para quitarme mi dinero. Cosa que no les conviene. - Agregaba aquellas últimas palabras, intentando infundirle algo de temor al chico, a ver si se ponía algo nervioso, y eso le afectaba.

Sin embargo, sin titubeo aparente, cargaba la pistola, siguiendo las instrucciones de su maestro, y apuntaba a una especie de barra que había en el sitio, con un total de cuatro botellas. Un silencio dominó el lugar, hasta que el chico jaló del gatillo, y deslizando sus brazos de izquierda a derecha, atinó a las cuatro botellas, lo que lo dejó realmente tranquilo, al tanto que Frank no mostraba ningún tipo de sorpresa, sino que tenía seguridad en su alumno. Sin embargo el jefe de los extraños se mostraba algo sorprendido, y posteriormente felicitaba al muchacho. - Tal vez cuando seas mayor seas un tirador reconocido, espero que de ser así, no seas mi rival. -

A los pocos minutos ya se encontraban fuera, con el dinero y a salvo, por lo que el viejo decidió que sería bueno regresar a la casa de huéspedes, y luego recorrer la ciudad, intentando encontrar algo interesante tal vez. A pesar de todo, no sabemos con exactitud quiénes eran los clientes de Frank, ni para qué querrían las armas, ni tampoco por qué en las calles de la ciudad no se encontraba a nadie. ¿Veremos acción tal vez? Pues lo sabremos luego...

- Continuará -

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Aoi Revenge|Pirata| Artillero|GunShock|Carpintero| Armero


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