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"The Peachemaker"

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"The Peachemaker"

Mensaje por Aoi Revenge el Jue Jul 11, 2013 6:56 pm


"The Peachemaker"

- Parte II -

- ¿Dónde estamos? - Preguntó, pero el veterano el cual sujetaba las riendas que guiaban a los equinos con la diestra, al tiempo que ocupaba la otra mano sosteniendo con firmeza una botella de licor de gusto fino, no se tomó el tiempo para responder al inquieto y exaltado joven. - ¿Qué sucede? ¿Por qué no me responde? - Insistía el muchacho, mientras se manifestaba un pleno silencio, claro, sin tener en cuenta el galopar constante de aquellas dos bestias de pelo marrón, una de ellas con manchas blancas, por cierto.

El joven de apenas quince años de edad seguía manifestando su inconformidad con el silencio del viejo a lo largo del viaje. El muchacho era muy escandaloso, no hacía otra cosa que continuar su palabrería, sin cesar, lo cual habría colmado la paciencia de cualquier sujeto, pero no del viejo Frank, su acompañante. El anciano parecía tenerle a Aoi un cariño especial, sería luego de que perdió a su hijo en cierto accidente, y por ello abría adoptado al joven. ¿Tendrían algún parecido? Pues aún no lo sabemos, el veterano de ya 48 años no hablaba mucho, en contraste con el escandaloso muchacho de cabellos negros.

- Oiga viejo. - Pedía la atención del fulano nuevamente. - ¿Por qué no me responde? El trato era que me daría comida, y un lugar dónde dormir. ¿Dónde está todo eso? ¿Qué pretende? ¿Que duerma en la carreta, y me coma la alfalfa de los caballos? - Preguntaba con cierta ironía, la cuál había hecho romper el silencio que mantenía aquel señor avejentado. - Jajaja. - Carcajeaba desvergonzadamente. - Eres muy gracioso para ser un niño. Está bien, aún no he cumplido mi parte del trato, pero espera, ya llegaremos a la próxima ciudad, y comeremos y beberemos como reyes. ¡Qué impaciente eres! - Exaltaba al final de su frase, para luego destapar aquella botella de licor cual mantenía hasta ahora postrada en su mano izquierda. "Puum" resonaba del pico de la botella al ser destapada. Casi como un reflejo, el veterano prendía sus labios de la misma, y comenzaba a beber. ¿Beber? Tragar. Pareciera que ni siquiera saboreaba aquel líquido. "Glup glup" se escuchaba de su garganta, ya se habría tomado un cuarto del total.

- Toma, prueba un poco, que está muy bueno, os va a encantar. - Mencionaba, mientras ofrecía la botella al joven, quien miraba con cara de desprecio. - No gracias, no bebo. - Así contestaba el muchacho, manteniendo el gesto en su rostro. - ¿Por qué no? Va, pues mejor, más para mí. No sabes lo que te pierdes. - Decía, mientras seguía tomando de forma solitaria, para cuando el joven respondía. - ¿Que no sé de lo que me pierdo? Usted no sabe el mal que se hace señor. Déjeme decirle que a este ritmo, su hígado no va a soportar demasiado, y terminará muriendo pronto. Además, el alcohol no es bueno, aleja al hombre de la cordura, lo hace perder la cabeza. ¿Sabe usted cuántos pleitos he visto en mi vida a causa de esta bebida? Recuerde que me encontró durmiendo frente a una cantina. -

Vaya boca tenía aquel muchacho, parecía que hablaba como un adulto, pero no era más que un adolescente. - Va, está bien, no tomaré más por hoy, dejaré la botella a un costado. - Mencionaba el anciano. ¿En serio soltaría la botella de sus manos? Pues, el muchacho no era tan tonto como para creer semejante cosa. A pesar de llevar poco tiempo viajando a la par del viejo Frank, conocía bien los vicios de este sujeto: el alcohol, los juegos de azar, y las mujeres bonitas. En un rápido y limpio movimiento, desenfundaba una pistola Colt calibre .45, y casi que sin tiempo a apuntar, amartillaba aquel lustroso metal, y efectuaba un disparo, el cual atravesaba ferozmente la botella, antes de que el viejo la hubiera soltado, quedando este con nada más que la parte superior entre sus dedos. De la botella, no caía ni una sola gota. ¿Así que pararía de tomar, por su bien? Vaya, en verdad lo hacía porque se había bebido todo en cuestión de minutos, y quiso engañar al joven, quien le ganó de astuto al veterano.

El mismo no pudo hacer otra cosa que reír nuevamente, y por primera vez lo veíamos sonreír en verdad. El muchacho no entendía muy bien la situación, pero volvía a guardar el arma, cuando podía oír al viejo. - ¿En serio te crees bueno con la pistola que te regalé? El otro día nada más tuviste suerte, si se repitiera, hubieras fallado el disparo, o peor, me hubieras disparado a mí, y no al tipo que estaba a mis espaldas. - ¿Y ahora? Qué mal agradecido que era aquel sujeto, el muchacho le había salvado la vida recordemos. - ¿Pues yo tuve suerte? La suerte la tuvo usted, de no ser por mí, usted no estaría aquí. - Esas últimas palabras irritaban al viejo, por lo que este le contestaba rabioso. - Pues tú tampoco estarías aquí conmigo, estarías tirado allí en el suelo, esperando a ser salvado. ¿Acaso tus padres no te enseñaron modales? Ah, cierto que eres huérfano. - Terminaba con aquel toque de sarcasmo y crueldad. ¿Hacía falta ello? Trataba con un simple niño, vaya a saber uno cuál de los dos era más inmaduro.

Esas palabras sí habían herido el orgullo del joven, por lo que su ira lo llevó a volver a desenfundar su revólver, y esta vez, apuntaba a la cabeza de Marlon. - ¿Crees que tenga suerte esta vez? Pretendo volarte la cabeza. - Vaya carácter tenía el chico, ¿hablaría en serio? ¿O sólo querría espantar al viejo para que se disculpara?

Para entonces, el viejo Frank le respondía sin titubeo aparente. - ¿En serio te crees tan bueno? Has disparado esa pistola nada más dos veces, en tu cargador quedan aún cuatro balas, ni con las cuatro lograrías hacerme un rasguño. - ¿Era esto un desafío?

El brazo del muchacho, el cual parecía inmóvil hasta entonces, tras aquellas palabras empezó a vibrar, ¿nervios tal vez? Pues quizá, lo cierto era que Aoi llevaba ahora su mano izquierda a la empuñadura del arma, y sujetándola con ambas manos, disparaba como había alertado. Aquel sonido espantaba a los caballos, los cuales relinchaban y aumentaban la velocidad. Con ello, el joven perdía el equilibrio, y parecía caer dentro del transporte, aunque no se movió mucho, pero sus ojos perdían la vista del viejo. Tras alzar la cabeza de nuevo, notaba como el viejo continuaba riendo, mientras veía fijo los ojos celeste del niño.

Poco a poco, las pupilas del joven Aoi se dilataban más y más. La mirada de este se iba desviando milímetro a milímetro, yendo desde el viejo, hasta sus propias manos, las cuales sujetaban el arma. Allí mismo, encontraba otra mano sobre el metal, la del viejo Frank. ¿Aún tenía reflejos? Pues así parecía, ya que había tomado el arma desde la punta, desviando la bala que partía desde la corredera, todo sin que el muchacho lo notara a la hora de efectuar el disparo con su Colt calibre .45.

Sorprendido verdaderamente, el muchacho no sabía qué decir, había tenido el valor de disparar, aunque estaba arrepentido, él no quería hacerle daño al viejo, pero su instinto privó sobre su consciencia, y jaló el gatillo. Por primera vez tras los últimos minutos transcurridos, el viejo rompía el silencio. - ¿Y? ¿Qué esperas? Vamos, aún te quedan tres balas, ¿ya no intentarás más? - No podía responderle, el muchacho estaba enmudecido, no sabía cómo había llegado a esto, sólo atinaba a girar la cabeza de lado a lado, mientras un par de lágrimas salían desprendidas de sus ojos. Sin importarle ello, el viejo retaba severamente a su inexperto aprendiz. - Te regalé esa arma para que ayudaras a las personas, no para que resolvieras tus propios problemas, recuérdalo. - Luego de estas últimas palabras, el viejo liberaba el arma del muchacho, momento en el cual este llevaba el revólver nuevamente hacia su porta armas en su cinturón, mientras se mostraba cabizbajo.

En lo que duró el viaje hasta la otra ciudad, el niño no dijo una sola palabra, se mantuvo en el fondo de la carreta, observando su arma. Había puesto de lado el tambor, y notando los seis huecos en este, lugar donde estarían las balas. Contaba una por una, quedaban tres, y en el orificio consecutivo a la última, un casquillo vacío. Este había sido el cual había disparado al viejo Frank Marlon. Lo retiraba del orificio, y manteniéndolo sujetado entre el pulgar y el índice, pensaba y reflexionaba sobre sus acciones. Posteriormente lo mantenía dentro de su puño cerrado, apretando aquel diminuto trozo de metal con fuerza, y así lo tuvo hasta que luego de otra hora de viaje, por fin llegaban a su destino, pero el muchacho seguía sin decir una palabra, no sabía cómo perdonarse aún. ¿Qué sería de la relación de estos dos en el futuro? Seguro ya tendremos nuevas noticias...

- Continuará -

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Soy conocido porque mis balas nunca fallan. Especialmente si van dirigidas al corazón de una chica bonita.
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