Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» El Foro cierra pero Skype es eterno.
Miér Oct 23, 2013 12:47 am por Jack Daniels

» Afiliación Strong World [Élite]
Dom Ago 11, 2013 3:24 pm por Invitado

» O.W. {Foro rol anime} normal
Sáb Ago 10, 2013 3:11 am por Invitado

» Jung Sang Art School {Normal}
Jue Ago 01, 2013 5:35 pm por Invitado

» Afiliación a VirtualWorld
Sáb Jul 27, 2013 11:31 am por Invitado

» Petición de experiencia (Activa)
Vie Jul 26, 2013 9:27 am por Aoi Revenge

» Capítulo uno - Primer encuentro.
Vie Jul 26, 2013 6:48 am por Aoi Revenge

» PRIMER CENSO GLOBAL. [18/07/13 - 26/07/13]
Jue Jul 25, 2013 6:36 pm por Adán D. Romalia

» "The Peacemaker"
Jue Jul 25, 2013 1:00 am por Aoi Revenge

» ~~Aburrimiento, Balas, Puños y un pajaro muerto~~
Miér Jul 24, 2013 9:06 pm por Jean Vancroux

One Piece World

Memento Teen Titans New Generation
'Ndrangheta

¿Quién está en línea?
En total hay 1 usuario en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 1 Invitado

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 24 el Jue Jul 04, 2013 2:06 pm.

Z Chronicles ~ Capítulo 2

Ir abajo

Z Chronicles ~ Capítulo 2

Mensaje por Zhown el Lun Jul 08, 2013 5:25 am


Un día lluvioso, el peliazul se encaminó con sus espadas de entrenamiento hacia el dojo de espadachines del reino de Lvneel, con el objetivo de repasar más tácticas de combate y técnicas especiales con su maestro, cuyo nombre era Motaro. Dicho personaje tenía una larga coleta de pelo platino que caía por su espalda, muy bien recogida en una trenza. Debería tener más de cincuenta años, pero su físico le hacía parecer como un adulto normal y corriente. Sus conocimientos sobre el arte de la espada eran demasiado extensos, y era la única persona a la que Zhown había dejado ganar su respeto, mediante combates en los cuáles no pudo ganar ni uno de ellos. Casado con una dulce mujer y habiendo traído al mundo a su hijo Shiro, su vida era más plena de lo que cualquier humano pudiera soñar. Su maestro era el único adversario imbatible que había tenido en toda su vida, pues con el paso del tiempo los demás compañeros de aprendizaje habían resultado estar muy por debajo de sus posibilidades. El afán de superar a Motaro era lo que le impulsaba cada día para esforzarse todavía más, teniendo como objetivo ser un guerrero más capacitado y experimentado que aquel de quien había estado sorbiendo los conocimientos de espadas que le habían hecho ser quien era actualmente: el alumno más aventajado del dojo.


A pesar de que las puertas del establecimiento no abrieran hasta las diez de la mañana, el peliazul se trasladaba una hora u hora y media antes de dicho horario, pues era el instante justo en el que el maestro se levantaba y realizaba algún que otro ejercicio de meditación que terminó compartiendo con el arqueólogo en cuanto vio su determinación y dedicación al camino de la espada. De lunes a viernes, ambos compartían un momento de su vida para reflexionar, antes de que las clases prácticas del dojo dieran inicio. Así, la mente del futuro pirata se mostraba más flexible y receptiva, cosa que no venía para nada mal en la psicología de un guerrero. Por tanto, esperó pacientemente en la puerta, como hacía cada mañana, hasta que Motaro saliera para recibirle. Mas pasaron los minutos, y nadie dio señales de vida. Alertado por dicha incongruencia, lanzó sus espadas por encima de la pared de dos metros, de forma que cayeran al interior. Saltando, se agarró al alféizar y pasó al otro lado, recogiendo sus armas y dirigiéndose al interior de la construcción para investigar por qué no había salido su maestro afuera todavía. Mejor ser precavido y recibir una regañina por colarse en la zona sin permiso, que lamentarlo más tarde en solitario.


Casi como se había imaginado, las puertas y ventanas estaban abiertas, pero no había ningún indicio de viada en el interior. Pasó a través de la entrada principal y apretó con fuerza los mangos de sus armas al ver todo desordenado. Tomó dichas espadas de madera para ponerse en posición de alerta, no fuera a ser que algún criminal estuviera en el interior del lugar. Lo revisó todo, pero no encontró nada más que un papel clavado en una pared por un puñal.  Tras revisar todo, y asegurar la zona, tomó el papel y lo leyó, seriamente, mientas que lo arrugaba lentamente por la parte en que lo agarraba:


“Shiro, ven al puerto esta noche con la mercancía, o él morirá. Sabes que no nos gusta esperar, así que no te demores. A las doce, todo se decidirá”


¿Qué tendría que ver el hijo de Motaro con los que parecían ser los captores de su padre? ¿Estaría metido en alguna organización criminal? Lo dudaba. La verdad es que solo lo había visto dos o tres veces, puesto que vivía con su madre en el vecindario de economía media de Lvneel. De unos quince o dieciséis años, no es que tuviera la pinta de un delincuente. Por tanto, el peliazul arrugó completamente el papel, ya que sería él quien se encargase de la situación. No iba a dejar que unos imbéciles se interpusieran en su camino de la perfección, y para eso necesitaba a su maestro. Guardó la información en uno de los bolsillos de su pantalón y salió del lugar. Aprovechando que había más papeles y tinta por las habitaciones, rotuló un marco en el que indicaba que el dojo no se abriría dicho día por motivos personales, colgándolo en la puerta principal y cerrándola con cuidado.


Esa noche, habría una cacería.


Pasaron las horas, y el peliazul se vistió para la ocasión. Tomando un kimono negro abierto por el pecho, colocó encima un haramaki de color azulado, donde colgó sus tres espadas de verdad. Con respecto a la parte superior, debido a que no quería que le reconociera, se puso una bufanda que le tapó hasta la boca. En las piernas, se calzó unos calcetines para que no rozasen con las botas oscuras. Por debajo del kimono, unos pantalones grisáceos tapaban sus muslos y rodillas, mientras que buscaba algo para que no le reconocieran por sus violáceos y únicos ojos en la isla. Como anillo al dedo, vio unas gafas de sol que compró en un bazar años atrás, colocándoselas y terminando por fin aquella nueva vestimenta de rescate. Parecía un hijo de la noche, con aquellos colores oscuros y neutros. Miró su reflejo en el espejo de su casa y espero a que la hora límite se acercase. Fue entonces cuando abrió la puerta de su casa y se preparó, pues la noche es oscura, y alberga horrores.


Tras llegar al puerto media hora antes de la fecha límite, Zhown se quedó subido a una nave no demasiado grande, en la que se almacenaban distintos complementos y condimentos de cocina. Desde allí tenía una vista privilegiada sobre todo lo que pasaba en el muelle. No sabía cuál era el lugar de intercambio, ni siquiera el motivo por el que habían secuestrado a Motaro, pero lo descubriría a su tiempo. Esperó aburrido, alerta y sin que se le escapara el más mínimo detalle, hasta que comenzó a escuchar unas voces que provenían del este de su posición. Eran tres personas, las cuáles reían y caminaban tranquilamente. Iban vestidos de la misma forma, con trajes de corbata blancos, como si se tratase de una mafia extraña. Aquello no le gustó ni un pelo. Se acercó al borde de del techo de la nave, y desenfundó lentamente dos de sus espadas, tomando una con cada mano. El filo metálico susurró con cuidado de no alertar a aquellas tres personas, puesto que tenía pensado realizar un ataque sorpresa y dejarles inconscientes para extorsionarles. Dándoles la vuelta a sus armas, emplearía la parte roma para no crear heridas de por vida en sus cuerpos, sino simplemente moratones que les dolerían durante unos cuántos días. Y así, cuando creyó que era el momento oportuno, salió de su escondrijo.


Saltando con rapidez, sus ropajes oscuros impedían que cualquier persona pudiera ver más que su pelo o el color de piel que se dejaba entrever por su ropa. Como todo buen héroe rescatador, su identidad debía de permanecer en secreto, ya que no quería buscarse problemas de futuro. Y si lo hacía, podría cortarlos para que dejasen de molestarle. Nada más verle, los tres enemigos sacaron distintas armas: puñales como en el que estaba clavada la nota en el dojo, nudillos de metal y cuchillos largos. El que portaba los nudillos recibió un fuerte golpe en el cuello, de sorpresa y veloz iniciativa, cayendo al suelo con los ojos en blanco en cuestión de unos pocos segundos. Sin embargo, los otros dos ya estaban alertados, por lo que se alejaron un poco de la escena, sopesando la información que sus ojos recibían.


El espadachín se lanzó a por el del cuchillo largo, atacándole con un corte diagonal ascendente con su espada derecha, que bloqueó por muy poco. Girando y dándole la espalda, golpeó esta con el codo del otro brazo con fuerza, mientras que volvía a girar y lanzaba un corte hacia la cabeza del enemigo, dándole de lleno. Con este, dos estaban en el suelo, y solo uno de ellos permanecía consciente.


Dirigiendo su mirada tras las gafas de sol al último de los enemigos, que temblaba al ver cómo sus dos compañeros no habían sido lo suficientemente fuertes como para evitar aquella derrota, intentó huir, pero la tercera espada de Zhown salió volando de su funda con un buen golpe de sus hermanas, cortándole el paso a unos metros de su plan de escape. Cuando quiso darse la vuelta, el vengador estaba con una sola espada, pues la otra había sido envainada. Golpeó la muñeca del enemigo, de forma que soltase el puñal que este llevaba. El simple hecho de que los tres fueran armados, significaba que estaban preparados por si ocurría algo malo aquella noche, por lo que dichos personajes debían de trabajar para alguien mucho más exquisito, que seguramente sería el que había secuestrado a Motaro.


Una vez desarmado, tomó con su mano libre el cuello del enemigo, alzándolo del suelo para recostarlo más tarde contra este. La fuerza que había adquirido durante sus entrenamientos le venía muy bien para intimidar, así que acercó su cabeza hacia el borde del muelle. Lo dejó a medio camino entre el acantilado y la zona segura, mientras que se colocaba encima de él y ponía la parte afilada de su espada en su cuello. Sin quitarse la bufanda y las gafas, se dirigió a aquella persona, para obtener la información que tanto necesitaba:


- ¿Por qué habéis secuestrado al maestro del dojo de la ciudad? ¿Qué tiene que ver su hijo con todo esto?


Interrogó, acercando el filo al cuello del hombre y creando una pequeña gota de sangre al rasgar en él con cuidado. Pero el hombre no decía nada, simplemente suplicaba por su vida y porque no le hiciera más daño. A fin de cuentas, él no tenía la culpa de haber trabajado con un extorsionador en toda regla. De forma que, para darle a entender que no estaba del todo dispuesto a ser indulgente, tapó su boca con la mano libre para luego cortar de cuajo su oreja derecha con la espada. Ahogando los gritos con su mano, le empezó a decir al otro conducto auditivo, mientras que tiraba la otra parte de su órgano desprovisto del sentido del oído al mar, para que se lo comieran los peces:


- No tengo paciencia, así que responde mis dos preguntas antes de que te corte algo más.


El hombre lloró, arrepentido y lleno de miedo y dolor. Conforme los gritos pasaron, el espadachín quitó la mano de su boca para que pudiera hablar. Había aprendido la lección y le dijo, con una voz entrecortada, todavía en shock por la extorsión sufrida.


- Shiro nos compra mercancías extasiantes, y nos debe varios meses de pago. Así que fuimos a darle donde más le pueda doler, que es su padre. Está en el almacén 312, y hay suficiente seguridad para no dejarle escapar. Si no paga lo que falta por devolver con intereses esta noche, mataremos primero a los integrantes de su familia, dejándole a él el último.


Así, con una media sonrisa oculta tras la bufanda, Zhown ya sabía el motivo del secuestro. El niño había estado jugando con malas influencias y compras. Levantándose de encima del enemigo, le tendió una mano para que la estrechara y se levantara con él. Haciéndole caso con un poco de reticencia, los ojos violáceos del arqueólogo brillaron malévolamente antes de darle una patada en el estómago, lanzándolo por el acantilado a una muerte segura. Aquella zona tenía muchas rocas afiladas en su parte más baja, y dudaba de que pudiera entrar en contacto con el mar.


Habiendo matado a aquella persona, realizó el mismo acto con las dos personas que había dejado inconsciente anteriormente, tirándolos por el mismo sitio y comprobando desde arriba cómo sus cuerpos chocaban contra la dura roca y se hacían trizas, mientras que los resquicios del agua de mar que llegaban a su posición se llevaban la sangre que sus cueros soltaban. Enfundando sus armas, Zhown se dio la vuelta, tenía toda la información que necesitaba. Y aquella noche, había nacido un demonio en su interior, un demonio al que no le importaba segar vidas para obtener su propósito. Su corazón se marchitaba con cada acto que realizaba, pero ahora solo tenía una cosa en mente: salvar a Motaro, fuera como fuera.


Continuará...

_________________



Epadachín - Arqueólogo
Niveles C - Iniciado
Kenbunshoku Haki nivel Básico {Afín}
Pirata sin Recompensa
Técnicas y Habilidades
Subcapitán de "Song Of Sparrow"




avatar
Zhown

Mensajes : 197
Fecha de inscripción : 15/06/2013
Edad : 24

Hoja de personaje
Tripulación:
Cargo:
Recompensa:

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.