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Mensaje por Shin el Sáb Jul 06, 2013 6:22 pm

~ [ A Tale "Common". ] ~
- Recuerdos de un ayer - Parte 1. -

Un día tranquilo, como cualquier otro, nos encontramos en medio del mar, a lo largo y ancho solo se alcanzan a ver litros de agua y más litros de agua, no había una isla cercana, ni gaviotas, ningún animal pasaba por aquel rumbo, solo aguas tranquilas, en las cuales, un pequeño velero me mecía con tranquilidad, el viento empujaba con delicadeza la vela blanca que permitía al mismo continuar con su trayecto, el cual, al parecer no llevaba uno exacto, era solo cuestión de encontrar la isla más cercana. Sobre el pequeño barco de madera en su mayoría, habían muy pocas cosas, un par de barriles que contenían agua y algunas frutas y una "silla" la cual su respaldo era sumamente inclinado, era algo así como una silla de piscina, en pocas palabras, solo para descansar, en la cual, se encontraba recostado un joven de cabellos verdes, el cual vestía un atuendo estilo militar, relajado como si nada pasase, simplemente aparentemente dormía o podía ser que descansara y disfrutara del buen clima que hacía en aquella tarde.

Hace unos días que salí de aquella isla por la que por mucho tiempo fue mi hogar, ahora me doy cuenta de lo que realmente sucede, ¿nostalgia? Sí, eso debe ser. Pasé  por mucho en ese lugar, aún recuerdo el rostro de mamá, estaba orgullosa, lo sé. Mamá, recuerdo la primera vez que comenzaste a prepararme, eras un poco estricta, pero me alegra que haya sido de esa manera, aunque debería admitirlo, tu golpes eran dolorosos. El chico pensaba con tranquilidad mientras ambos ojos continuaban cerrados mientras que a su memoria se venían algunos recuerdos del pasado, que más que recuerdo, éstos se convertían n un feliz sueño que indicaba nada más que el joven, se había dormido.

Nos retomamos a una época distante, en aquella pequeña isla de la cual proviene el joven, al cual, podemos ver como un niño aproximadamente de diez u once años, camina alegremente entre arbustos y grandes árboles del mismo lugar, al parecer se encuentra en lo que parece ser un bosque, y unos metros detrás de él, camina una linda joven mucho mayor que él, de largos cabellos rojizos con pequeños y denotables caireles los cuales descendían hasta un poco más allá de su hombro, su piel un poco pálida pero sumamente lisa y bien cuidada. En su rostro llevaba una linda y delicada sonrisa que era complementada por aquellos bellos ojos color turquesa. Llevaba un largo vestido de color lila y en su brazo izquierdo, una pequeña canasta con un par de flores y algunas frutas. El chico, se detuvo muy cerca de un pequeño riachuelo el cual llevaba con delicadeza el agua y uno que otro pescado que nadaba por aquel rumbo. El pequeño se acercó lo suficiente a la orilla y una pequeña parte de la tierra, se quebró haciendo que el chico cayera al agua y comenzara a ser arrastrado por la corriente, él pequeño pedía auxilio, aún no sabía nadar del todo y aquello le había tomado por sorpresa. La chica de cabellos incandescentes con una velocidad más allá de lo imaginado, en un instante comenzó a correr siguiendo la dirección del riachuelo, el cual poco a poco comenzaba a aumentar su velocidad, se había olvidado por completo de la canasta en algún lugar, la chica no pudo contenerse más, desapareció de la nada y en un instante ya se encontraba del otro lado del río tomando al pequeño en sus brazos, el niño no sabía lo que había pasado, simplemente se encontraba confundido pero a la vez feliz, abrazó a la chica con fuerza mientras soltaba unas pequeñas lágrimas de miedo en la ropa de la joven la cual con simpleza y con aquella sonrisa le abrazaba y trataba de tranquilizarlo. Una vez de vuelta al mismo lugar al cual habían llegado desde un inicio, en donde había dejado la canasta, sentó al chico y se acercó hasta él, preguntaba si se encontraba bien y acariciaba sus verdes y lacios cabellos, el pequeño simplemente asentaba con su cabeza. - Mamá ... ¿C-cómo hiciste eso? - Era normal que tuviera curiosidad ante las acciones de su madre, la cual, aunque no muy convencida, le dijo un par de cosas, ella al igual que muchos se había entrenado algunos años atrás, dominaba un viejo arte de pelea el cual solo involucraba los pies, ella había luchado algunas veces antes por lo que sabía cómo usar muy bien la parte inferior de su cuerpo. El niño muy animado antes sus historias se percató de algo, él también quería aprender aquel "arte". Sin embargo, ella no estaba muy convencida del todo, pero tras un par de días de insistencia por parte del chiquillo el cual tenía un sueño, accedió a entrenarlo con varias advertencias. - Primero que nada, no debes cuestionarme. Segundo, no puedes volver atrás una vez que comencemos con el entrenamiento. Tercero, cuando entrenemos no soy tu madre, seré tu maestra. Cuarto, debes entender que lo que diga será por tu bien … ¿Entiendes eso, Shin? - Preguntó con un rostro de preocupación. Había impuesto varias extrañas reglas respecto al entrenamiento que pronto comenzaría a su pequeño hijo, él se preguntaba, ¿debía pensarlo? ¡No!, en lo absoluto, debía aceptar sin remordimiento alguno, debía hacerse tan fuere como su madre y no causarle un problema como el que le había causado en el río.

El siguiente día, ambos se dirigían al mismo lugar en el cual se habían suscitado los hechos en días anteriores, el mismo lugar por el cual el pequeño estaba motivado a entrenar y dar todo de sí, el lugar que le había llevado a la joven madre a tener que entrenar al chico, la cual, aún parecía no estar del todo convencida, aquel entrenamiento era un poco duro y ella debía serlo, la pregunta verdadera era, ¿podía realmente serlo con él? Su hijo con el cual pasaba muchos momentos divertidos y felices, unos tristes, pero al fin y al cabo era su hijo, se preguntaba si verdaderamente debía entrenarlo, pero ella bien sabía que sacarle la idea de su cabeza ya era bastante imposible, no podía decepcionarlo, por lo que aún con un rostro de preocupación debía comenzar. El niño se paró frente a ella y le observó con tranquilidad mientras ella le explicaba que es lo que debía hacer, como debía hacerlo, por lo que comenzaron con blancos que difícilmente se romperían, los árboles y grandes rocas de alrededor. Era un entrenamiento muy duro, sí, pero el pequeño se concentraba y daba lo mejor de sí para conseguir llegar a ser tan fuerte como su madre. Poco tiempo después, se encontraban entrenando entre los dos, su mamá era dura en cuanto al entrenamiento nos referimos, le golpeaba sin remordimiento mostrándole como debía hacerlo correctamente, el de vez en cuando podía contrarrestar pero de algún modo u otro siempre salía volando en el aire y caía en el río, el cual muchas veces le arrastraba en su contra, y, su mamá, no hacía nada para rescatarlo, debía hacerlo por si solo, su cuerpo debía volverse resistente de una manera u otra. Al chiquillo al poco tiempo ya no le importaba lo que pasara, realmente se había acostumbrado al ritmo duro que llevaban, en las noches entrenaba a escondidas de la joven, y volvía a intentar vencerla una y otra vez, debía ser lo suficientemente fuerte como ella.

Tras un tiempo, ya podía combatirla y seguirle el ritmo, aunque de pronto ella se ponía un poco más seria y terminaba por ganarle nuevamente, él sabía que para alcanzarla le falta mucho más, pero era lo necesario para poder cazar algunos animales así como pronto comenzar con su viaje, tenía lo necesario para enfrentarse al demás mundo y aprender mucho más.

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Shin

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