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"The Peacemaker"

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"The Peacemaker"

Mensaje por Aoi Revenge el Vie Jul 05, 2013 4:27 pm


"The Peacemaker"

- Parte I -

Los años transcurren en la vida de las personas, y van dejando marcas en sus legajos, cicatrices, recuerdos imborrables los cuales tallan y determinan la personalidad y el carácter de estos individuos. Nadie puede escaparle al suceder de las cosas, al destino qué más.

Hoy nos ubicamos en medio de la nada, por así decirlo. Una zona árida, desértica, donde lo que abunda es la nada, y lo que faltan son sorpresas. Así era todo en este viejo pueblo en medio de un continente. Siguiendo las huellas de los corceles, y las marcas de las ruedas cuales carretas jalaban, llegábamos al mismo. Era una especie de parador para viajeros sedientos, puesto que la fama del lugar venía dada por el sabor de sus licores. Aunque, como sabemos, el alcohol además de ser gustoso, es un promotor de la violencia y los desastres, y esta vez será la causa y el motivo por el cual nuestros dos protagonistas, un chico de quince años llamado Aoi, y un armero famoso, conocido como Frank, se conozcan y entablen una relación fraternal. ¿Pues qué esperamos? Adelante.

Nuestro joven Aoi, un huérfano, el cuál nunca conoció a su madre, y que había perdido a su padre cuando niño, será nuestro foco. Tras estos acontecimientos, el niño había sido tomado como sobrino por un viejo amigo de su padre, pero hacía dos años el anciano había perecido, y el muchacho se vio obligado a vagar por las calles, hasta terminar en este añejo y desolado pueblo. Solía dormir en un pequeño rincón entre dos viviendas, casi frente a la cantina del poblado.

Por ello era común que el joven fuera testigo de constantes escaramuzas que se manifestaban en las puertas de aquel bar, siendo estas mismas protagonizadas por viajeros que terminaban tomando de más, y entre una fea mirada, la cual pasaba a ser un insulto, un empujón, y finalmente un pleito, se generaba en medio de las calles del pueblo e incomodaba a los serenos residentes de este, pero le provocaba absoluta diversión al muchacho, el cual se mantenía siempre expectante a estos eventos.

Serían algo así como las cuatro de la tarde, tal vez un poco más, tal vez un poco menos. Así pasaba el día de hoy, el muchacho se encontraba sentado sobre el suelo, con la espalda recostada contra una pared de una casona, de frente al bar del pueblo. Ya comenzaba a oír desde temprano los escándalos que ocurrían dentro de la taberna. Griteríos varios, entre insultos y simples golpeteos, solía despertar el huérfano. Aún así ya era pasado el mediodía dijimos, y hasta el momento no había pasado a más de ello, lo cual era ciertamente relajante, pero no para el muchacho, pues este quería diversión, y hasta el momento no daba con ella.

Sin embargo, esto estaría por cambiar. Desde las lejanías, el chico pudo oír el galopar, acompañado del relinchar de algunos equinos, lo cual llamó su atención, ubicando la vista al horizonte. El sol molestaba en sus ojos, por lo cual los mantenía entreabiertos, y le hacía dificultoso el poder enfocar bien la mirada. Creía ver una carreta siendo jalada por dos caballos de color marrón, uno además con algunas manchas aparentemente, aunque nada relevante. ¿A dónde iría aquel carruaje?

Más y más se acercaba al punto en el cual se ubicaba el muchacho, lo cual le hacía suponer que pararía en la cantina, ¿dónde más sino? Y así fue, el muchacho daba con acierto en sus hipótesis, y la carreta detenía la marcha justo enfrente de él. De la misma pudo ver descender a un señor, cuarentón quizá, vistiendo con un traje color marrón, y una camisa color verde por debajo. Su rostro no podía verse con claridad, ya que llevaba un sombrero el cual le cubría cierta parte de su cara. A su vez, parecía descender con un maletín. ¿Quién sería el sujeto? ¿Qué llevaría allí en su maletín? ¿Dinero tal vez? Sería algo arriesgado, ¿sabría lo que estaba haciendo? Todas estas dudas inundaban la mente del joven, pero al fin y al cabo, eran problemas del tipo y no de Aoi.

Finalmente, el fulano caminaba rumbo a la cantina, sin titubeo aparente, se lo notaba confiado, pese al escándalo proveniente de allí dentro, y que se dejaba escuchar desde afuera con suma claridad. Abría las puertas de par en par, y marchaba recto hacia la cantina. Desde aquel punto, Aoi ya no podía divisarlo. Aún así el muchacho se puso de pie, y se dirigió a la carreta, ¿pensaría robar? Pues tal vez, aunque primero haría falta saber si tendría qué. Con movimientos lentos pero acertados, poco a poco se fue acercando más y más, hasta ubicarse en la parte posterior del transporte. Allí, encontraba un gran bulto, tapado por una sábana blanca.

La curiosidad era la esperada en un joven de su edad, y no se tardó demasiado en apartar la sábana hacia un costado, y ver qué había debajo de la misma. Tras hacerlo, encontraba un gran baúl, el cual curiosamente no llevaba ningún tipo de tranca, la cual impidiese abrirlo, por lo que sería probable no encontrar nada de valor en él, quizá ropa, o alguna otra cosa sin relevancia. Después de abrirlo, las dudas del joven quedaban disueltas. ¿Qué habrían visto sus ojos? ¿Nuestras suposiciones serían las correctas? Pues no lo serían, ya que dentro de aquel baúl de madera, encontraba una gran cantidad de armas de fuego, de todos los tamaños y formas.

Y entre tanta cantidad, que faltase sólo una, no sería algo a notarse, ¿o sí? Pues el muchacho tomó una entre tantas, una pistola, no sabemos por qué justo esa y no otra, pero lo cierto era que la misma no le pertenecía, y lo que hacía era cometer un delito.

Tras coger dicha arma, podía oír un fuerte estruendo, al mismo tiempo que las puertas de la cantina se abrían, y el viajero propietario de estas armas, salía volando hacia afuera, cayendo fuertemente contra el piso. Levantarse, trabajo le costó, pero al fin de cuentas pudo, y sus primeras palabras fueron "devuélveme lo que me robaste, infeliz". Aquella frase se pudo entender bastante bien, pese al estado de ebriedad que traía consigo, pero, ¿a quién le hablaba? ¿Cómo pudo ver a Aoi tomar aquella pistola del baúl?

En ese instante, Aoi escondía la pistola detrás de su espalda, y caminaba lentamente, alejándose de la carreta. Casi al unísono, el maletín con el que había entrado el sujeto, salía volando del mismo modo que el fulano, y chocaba contra sus piernas, haciéndolo caer nuevamente. En ese momento, otro tipo salía del interior de la taberna, mencionando "ahí tienes lo tuyo, ya lárgate borracho". Así que eso era a lo que se refería. Pues Aoi suspiró, y se quedó viendo mientras el viajero se ponía de pie, sacudiéndose el polvo, y luego yendo hacia la parte posterior de la carreta.

El muchacho se había calmado, pero tras ver que el viajero ahora se acercaba a él, comenzó a temblar. El sujeto lo miraba con seriedad, cuando luego extendía la diestra y gesticulaba con ella, como pidiendo algo. - La Colt, regrésala. Sé que las tienes tú niño. - Mencionaba el sujeto. Sin dudas hablaba del arma que había tomado el chico seguramente. Sin embargo, el susto del joven se multiplicaba cuando veía detrás del viajero, al mismo tipo de hacía un momento, apuntar con otra arma a espaldas del extranjero. ¿Pensaba disparar?

Pues los reflejos de Aoi actuaron primero, y con un sutil movimiento, llevaba la Colt SAA hacia adelante, mientras en el transcurso amartillaba el revólver, y efectuaba un disparo, el cual pasaba por un costado de la cara del fulano, e impactaba en el pecho del otro sujeto, dejándolo tendido en el suelo. El borracho volteaba y veía lo que había sucedido, y antes de que la policía llegase, tomaba al pequeño y lo subía forzosamente en su carreta, alejándolo de la escena del crimen. Durante el viaje, se presentaba como Frank Marlon, un armero famoso del West Blue.

Allí, Aoi pretendió devolverle su arma, si lo dejaba bajar, siendo detenido por el armero, y oyendo las palabras de este: - Quédatela, es un pequeño obsequio tras salvar mi vida. Espero salves muchas más con ella. - Así, Aoi conseguía su primer arma, y forjaba una amistad con Marlon, la cual duraría un largo tiempo.

- Continuará -

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Soy conocido porque mis balas nunca fallan. Especialmente si van dirigidas al corazón de una chica bonita.
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