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..::No es venganza...es justicia::..

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Mensaje por Edmundo X. Cruxes el Vie Jun 28, 2013 7:20 pm

Correr y correr, maldita sea el maestro sí que era pesado, una vuelta tras otra a la isla era una pasada, el sol sobre mi cabeza parecía querer volverme un huevo frito y en mi mente solamente pasaba la idea de regresar a Jaya para tomar una piña colada, si claro, como si mi hermano me fuese a permitir hacer algo como eso, el maldito ahora debía estarse sintiendo el rey de la jungla, el gran jefe, el desgraciado usurpador, mis padres, mi hermana, todos estaban muertos por su culpa, pero esto no se iba a quedar así, claro que no, solo necesitaba tiempo y un barco para ir de regreso a la venganza final. Lamentablemente mientras eso fuese a futuro hoy en el presente estaba aquí, muriéndome de calor, con un anciano que está tratando de enseñarme artes marciales y que aparentemente es el maestro más raro de todos, pues no solo debo correr bajo el sol abrazador, sino que tengo que arrastrarle en una especie de trineo de madera que el mismo diseño -¡Ah, maldita sea!- maldecía con fuerza mientras mis pasos se iban desliando lentamente por la arena, al mismo tiempo que el viejo barbudo solamente indicaba que siguiese firme como un roble, ¿a qué viene esa porquería de dicho?, esos árboles también se caían con relativa facilidad, lo sé porque he visto como destruía algunos en el interior de la isla -¡Ya, casi…!- si claro, ya casi estaba muerto, la meta aún estaba muy lejos, para ser exacto quedaba al otro extremo de la isla y yo ya estaba a penas, no paso mucho para que tuviese que arrastrarme continuando cual lagartija que come polvo intentando continuar con un camino establecido que a todas luces es demasiado para un niño de quince años.

Llego la noche y yo todavía seguía arrastrándome hasta que di con la meta, la cabaña del viejo maestro estaba ahí enfrente nuestro, supere la prueba por hoy, lastima pensar que mañana debería volver a repetir la hazaña; con un simple “Necesitas mejorar” el maestro se levantó y se fue a dormir a su placida cabaña en lo que yo me quedaba tirado perdiendo el conocimiento por el cansancio, desperté hasta el otro día cuando unos rayos de sol golpearon mi rostro junto con un baño de agua helada -¡Estoy despierto!- me puse en firmes ante la figura del maestro quien con toda serenidad cargaba un palo y con el mismo me golpeaba acomodando mejor mi postura; vino la parte del equilibrio, me pidió que me posicionara en posición de montura y colocando un balde de agua sobre mi cabeza con otros dos -uno en cada mano- me indico que necesitaba permanecer impasible por al menos una hora, con el objetivo supuesto de fortalecer los músculos además de incrementar mi sentido del equilibrio, la verdad es que paso apenas como media hora cuando una de mis piernas se dio por vencida, me tambalee y caí a un lado provocando que toda el agua de los baldes me cayese encima de nueva cuenta. Maldije al interior y cuando el maestro vio esta escena simplemente me tomo levantándome y obligándome a repetir el ejercicio, sucedió lo mismo, así pasamos gran parte del día hasta que definitivamente se rindió y me permitió ir a dormir bajo un árbol, lamentablemente Morfeo no estaba de mi parte, la figura de mi hermano me atormentaba, podía verlo ahí, rascándose la panza y riéndose de su plan tan efectivo en mi contra, creyendo sin duda que yo estaba muerto, ese maldito me las tenía que pagar, no iba a permitir que se burlara de mí.

Para cuando el maestro despertó recibió una grata sorpresa, ahí me encontraba yo, realizando el ejercicio desde la madrugada y ahora no se notaba ni un atisbo de desconcentración, supere sin problema la prueba, vino entonces la carrera y otra vez tuve que moverme a través de la isla cargando con la pesada carga cual si fuera un buey de camino, aunque pude hacerlo con más sencillez que el día anterior lo cierto es que no pude lograr el cometido de llegar hasta la meta antes de la noche, pero hubo un cambio importante, el maestro en lugar de dejarme ahí tendido me ofreció pasar a su bungaló, cosa que agradecí inmensamente, por primera vez estaba dentro de su casa y podía observar que no había mucho, solamente unos cuantos artefactos, pero entre todos lo que más destacaba era un trofeo de artes marciales, muy viejo, tanto que casi se podía ver el metal cortado, una vez ahí adentro me invito un té de hojas, pensé que era buena idea aceptarlo y por ende asentí, tome un poco y tuve que hacer un gran esfuerzo para no vomitar, esa mierda sabia a mil demonios, una especie de mezcla vomitiva de un sabor extremadamente amargo con un toque de sabor a tierra, en realidad no sé de dónde saca sus recetas el maestro pero es algo asqueroso. Me felicito por mi desempeño del día y menciono que le agradaba verme con entusiasmo, pero que sentía algo extraño, como si yo no tuviese ningún propósito para volverme más fuerte, ante ello me quede en silencio, ¿ningún propósito?, tenía uno muy claro, sin embargo cuando estuve a punto de comentarlo el argumento que, la venganza no era un propósito, era simplemente una excusa egoísta.

Quise refutar ello, ¿cómo podía considerarme egoísta?, yo no fui el que asesino a mis padres y a mi hermana por el simple deseo del poder, si bien es cierto que a mi hermano jamás le prefirieron no implica que debiese hacer un acto tan vil como aquel; por ende cuando me pregunto qué es lo que buscaba demostrar agache un tanto la cabeza, pensé muy bien la respuesta y con toda seguridad logre argumentar -Quiero demostrarle al mundo…no, quiero demostrarme a mí, que soy alguien, que tengo aptitudes necesarias para salir adelante, que puedo hacerme de un nombre, que no fui nada más un adorno para mis padres sino que tenía alguna habilidad única, que el esfuerzo puede convertir a cualquier persona en alguien de provecho, que con esfuerzo se puede conseguir algo, eso quiero probar- mis ojos brillaron con un furor inédito, esto no pasó desapercibido por el maestro quien simplemente asintió en silencio y tras pedirme -para mi desgracia- que me acabara mí se te fue a su habitación para reposar. Cuando no estuve vigilado por el mismo tire la bebida de porquería sobre una maceta y me recosté en un tapete que estaba en el suelo, mirando el techo de paja que tenía aquel bungaló, para mi aun hoy era un completo secreto como fue que llegue a este sitio, la última vez recuerdo estar aun dentro de la denominada Grand Line y de un día a otro aparecí aquí, en la cabaña del anciano que me estaba dando lecciones de karate. Otra noche más, otro día que se acaba, así era la rutina en la isla, pasaron quizás dos meses sin que nada se modificara, únicamente tuve que adaptarme a las costumbres de la misma, más que nada a estar peleando todo el tiempo con tipos más grandes y fuertes.

Un evento llegaría para cambiar todo, se trataba de una competencia entre los luchadores jóvenes para ver que “dojo” era el más fuerte de la región, el maestro me inscribió, para fortuna suya o para mala fortuna mía, el único estudiante que representaría su honor era yo, por ende estaba nervioso; quizás lo peor de todo no fue la presión del torneo, sino colocarme un ridículo uniforme que parecía provenir de las épocas más antiguas, una especie de vestido a modo de toga que el maestro me obligo a usar como símbolo de la representación en dicho torneo . Llegamos a la plaza principal de la isla, donde ya se había reunido una gran masa que esperaba llevarse un trofeo o cuando menos respeto a sus respectivos dojos, me mezcle entre los participantes y nos obligaron a sentarnos alrededor de un pequeño escenario, nuestros nombres fueron sorteados y el modo de competencia era muy simple, se enfrentaba uno contra otro en eliminación directa, los ganadores pasaban a la siguiente ronda y los perdedores debían sufrir la humillante decepción; mi primer enemigo fue un chico gordo y grande, pensé que era una de esas cosas que no se podían derrotar, no obstante apenas iniciar solamente hicieron falta dos golpes para dejarlo en el suelo, pase a la siguiente ronda ante sorpresa de muchos. Los enfrentamientos posteriores no representaron mucho trabajo para mi persona, ¿acaso fue por el entrenamiento?, es posible, pero uno tras otro mis rivales iban quedando eliminados mientras avanzaba a rondas posteriores, ante la mirada sorpresiva de cientos de luchadores me encontré en la final ante el bicampeón, un chico muy fuerte en apariencia y con un rostro de pocos amigos, pero que va, para ese momento ya estaba tan motivado que me creía invencible.

Nos colocamos en el centro del escenario, uno enfrente del otro, nos dimos un saludo respetuoso y apenas sonó el gong me lance en su contra con varios puñetazos, hasta ese momento había pensando que mi velocidad era la máxima de todo el lugar, sin embargo el chico comenzó a esquivar todos mis ataques con una facilidad pasmosa, trate de combinar con patadas pero el bloqueaba todos mis movimientos, vino entonces el contrataque lanzándome un gran puñetazo el cual me golpeo directo en el rostro tirándome al suelo, insuficiente para derrotarme pero suficiente para que mi cabeza diese vueltas un par de segundos; me puse de pie como me fue posible y una patada me recibió en el estómago lanzándome a volar y casi sacándome de la plataforma, pero de una forma poco ortodoxa pero efectiva logre sostenerme de la misma evitando así ser descalificado -Maldita sea…- regrese y otro golpe me recibió en todo el estómago sofocándome por un buen lapso, caí entonces al suelo y una patada en la cara me hizo rodar sobre el suelo. Me quede ahí tirado, pensando que era inútil esforzarse, después de todo este sujeto tenía todas las de ganar, pero una imagen volvió a mi mente, mi hermano, ese fantasma del pasado, si me rendía con este sujeto no tenía oportunidad alguna de llegar a derrotar a mi némesis, no, tenía que levantarme y seguir luchando aunque eso implicara morir; así lo hice, me puse de pie y aprovechando que el otro cantaba victoria le propine una patada directa al mentón sacándolo por los aires, lastimosamente no fue suficiente para botarlo del escenario, aunque me dio una buena oportunidad de atacarle con una combinación de patadas directas al cuerpo que le afectaron sobre manera, tanto así que no podía siquiera levantarse sin trastabillar.

Estábamos exhaustos, tras unos minutos de dar y recibir golpes nuestra resistencia física llego a su cumbre, era momento de darlo todo, nos lanzamos simultáneamente contra el adversario y en un gran cruce de puños nos impactamos directamente al rostro, mutuamente salimos despedidos y caímos del escenario, sin embargo se dictamino que el campeón era mi contrario debido a que cayo después de mí. Los vitoreos fueron para el vencedor y quede ahí en el olvido, o eso creí, pero mi maestro llevo levantándome con sumo cuidado, pensé que me reprimiría o algo, pero al contrario me felicito, no entendí porque, pero me sentí feliz, ya no valía solamente por triunfar, sino por el esfuerzo requerido para un propósito valido, de ahora en adelante entrenaría con un motivo diferente a la venganza, claro, ¿Cómo no lo vi antes?, yo no buscaba venganza contra mi hermano porque eso implicaría un motivo injustificable, lo único que estaba buscando era justicia, aquella que debía brindarse por el asesinato de mis padres y de mi hermana, cierto es entonces que yo ahora tenía totalmente claro que esto no era venganza…era justicia, una justicia que tenía que llegar por mi mano pues nadie más la iba a ejercer.

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