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Marcando la X en la casilla del Destino

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Marcando la X en la casilla del Destino

Mensaje por Finnick Halestorm el Jue Jun 27, 2013 5:50 am

El día había amanecido unas dos horas atrás, con un cielo cubierto por nubes grisáceas cargadas de agua de lluvia. Pronto, comenzarían a soltar su contenido sobre el Cuartel del Gobierno en el que se encontraba nuestro agente preferido, el gran Finnick Halestorm. Vestido con su típico traje de corbata y una bata blanca puesta por encima de la chaqueta, revisaba los distintos componentes de una bureta experimental en su laboratorio. Con las manos enguantadas, y unas gafas de ampliación de visión colocadas en sus ojos, sonreía gratamente al ver cómo la mezcla que había realizado con anterioridad cambiaba su color a uno más extravagante. Dejó el ensayo sobre unos sustentos metálicos y tomó su cuaderno de apuntes, escribiendo con una pluma entintada los resultados satisfactorios que había conseguido.

- Y con esto, el tiempo de investigación se da por terminado hoy. Mañana más y mejor. Ahora, creo que lo mejor será desestresarme un poco. Iré a ver qué hay de nuevo en la sala de entrenamientos.

Comentó el agente del Gobierno, dando por finalizadas sus cuatro horas de investigación diarias. Recogió sus cosas, vertió los fluidos tóxicos en un recipiente de elaboración y trato de sustancias, y colgó su bata de una percha que había a la entrada de la habitación. Saliendo de aquel lugar con una media sonrisa típica de él, se dirigió por las escaleras de la zona hacia la sala de entrenamientos, como había previsto hacer de su horario habitual. Una vez que llegó a la puerta principal, tomó el pomo de esta y la abrió, entrando a un recinto mucho más amplio que el laboratorio.

Unos cuarenta metros cuadrados, con sacos de boxeo, objetivos de madera con forma humana para los entrenamientos cuerpo a cuerpo, otros reforzados metálicamente para personas más exquisitas o duras, etc. Su pequeño nido para descansar, desde luego. Suspiró y entrecerró sus ojos, mientras que movía el cuello a los lados y se dirigía al centro de la habitación realizando algún que otro estiramiento. Cuando se vio preparado, sacó su pequeña libreta de apuntes de uno de los bolsillos interiores de su chaqueta, rebuscando entre las páginas cuadradas algo que pudiera interesarle para aquel día:

- Bueno, creo que lo mejor sería entrenar algo que no todo el mundo sepa hacer… Algo así como una variante de una técnica del Rokushiki, no estaría nada mal. Mi as en la manga para cuando las cosas se pongan feas. ¿Qué tal si empezamos con un Rankyaku especial?

Decía para sí mismo, como si hablar en soledad fuera un buen remedio al no tener compañía. Cierto era que a aquellas horas de la mañana no había mucha gente en la sala, pero la poca que había no se dignaba a hacer amistades. Allí iban a lo que iba, y eso era entrenar. Por tanto, el agente comenzó a pasar página a página, viendo los apuntes que tenía sobre las distintas técnicas o ideas de variaciones del Rokushiki que habían pasado por su mente y había apuntado en momentos puntuales. Paró cuando encontró una que le gustó a primera instancia, habiéndola titulado “Rankyaku Hakurai”, la cual consistía en lanzar dos Rankyakus simultáneos y combinarlos para crear una equis enérgica mucho más fuerte que la original. Cerró el libro bastante alegre y lo volvió a guardar de donde lo había sacado, andando para situarse frente a unas paredes de hierro bastante sólidas y fuertes, que soportarían bastante bien el impacto.

- Bien, vamos allá. Repartiré este entrenamiento en varias fases: unos estiramientos para las piernas, luego unos Rankyakus con cada una de ellas y por último, intentaré combinar dos en uno. Luego será cosa de pulir los fallos y todo estará perfecto. ¡Vamos allá!

Empezó realizando algunos estiramientos complejos y que dolerían a cualquier persona que no tuviera un mínimo de flexibilidad. Se apoyaba en el suelo y estiraba las dos piernas: una por delante y otra por detrás, de forma que su pelvis tocase el suelo, como si estuviera abierto como una aspa. Aguantaba en esas posiciones durante un tiempo estipulado, para luego cambiar de pierna y hacer varias series más. Esto no le llevó más de diez minutos, hasta que se sintió completamente estirado de cintura para abajo y ya entrado en calor para proseguir con la siguiente fase.

Acercándose hacia la pared, quedando a unos cinco metros de ella, fijó sus ojos en un punto en concreto. Levantó la pierna derecha, lanzando una onda cortante que impactó en el lugar previsto. Bajó la pierna y realizó lo mismo, creando otra onda que dio en la zona deseada. Así, una y otra vez, intentando golpear con fuerza y esforzándose como podía hacer mejor. En cuanto le cogió el truco, fue muy fácil seguir lanzando ondas, incluso llegó a encadenarlas cada poco tiempo, como si se tratase de un baile rítmico bastante bien llevado. Al cabo de una media hora de insufrible entrenamiento, todo lleno de sudor y las piernas un poco cansadas, tuvo que tomarse un leve respiro para relajar los latidos de su corazón. Se quedó de pie, estirando, para que las piernas no se le entumecieran y tuviera que empezar desde el principio. Su corazón palpitaba con fuerza, pero realizando ejercicios de relajación, pronto volvió al rango de normalidad al que solía estar sometido.

- Bueno, creo que ya comprendo un poco mejor la técnica original. Ahora tendré que aplicarlo en una combinación de dos haces, lo cual será un poco más difícil. Tengo que encontrar el punto exacto en el que dicha fusión no se rompa ni se desequilibre. Aunque viéndolo bien, no hay mejor punto que el centro de gravedad de dicha forma, por lo que intentaré que ambos choquen en dicha posición y tengan una trayectoria recta.

Cuando creyó que era el momento de retomar el entrenamiento, dejó de estirar las piernas y se concentró en la pared que tenía delante. No intentaría golpear en un punto en concreto, puesto que no dominaba la técnica y eso sería casi imposible en un primer intento. Primero, tenía que formar la cruz de Rankyakus, y luego ya podría seguir con su trayectoria. Así que movió sus piernas con rapidez, levantando dos haces consecutivos que impactaron a un metro de la posición de Finnick. Sin embargo, no consiguió coincidir ambos centros de gravedad, quedando un poco dispares, por lo que se anularon completamente, en una pequeña explosión de unos decímetros de radio. Parecía que tenía que ser mucho más preciso de lo que había estado siendo, así que volvió a repetir el mismo proceso: levantar dos haces consecutivos que chocasen entre sí, intentando fusionarse en uno solo y que saliera disparado hacia adelante. Sin embargo, no fueron satisfactorios los veinticuatro primeros intentos, donde de vez en cuando podía ver cómo se juntaban en una X un poco más grande que un Rankyaku normal. Pero conforme seguía con su trayectoria, este se deshacía antes de tocar la pared.

- Vaya, parece que es mucho más difícil de lo que imaginaba. Además de buen ojo y precisión, necesito chocarlos exactamente en el mismo punto para que la fusión sea correcta. Pero no me voy a rendir, ¡nunca!

Gritó esto último con una media sonrisa en sus labios, para luego volver a la posición inicial de entrenamiento. Movió sus piernas un poco más rápido que antes, creando dos haces que chocaron en un punto exacto de su “cuerpo etéreo”. Esta vez, las dos creaciones de energía se fusionaron creando un haz en forma de X mucho más grande de lo normal, que se mantuvo comprimido durante un tiempo y que estalló antes de entrar en contacto con la pared. ¡Vaya! Casi lo había conseguido. Al menos, había sido capaz de encontrar el centro de gravedad de los haces y fusionarlos. ¡La suerte del tonto! Era lo que solía decirse. Y empleando aquella misma táctica, empezó una y otra vez a repetirla. Con cada nuevo intento que realizaba, los Rankyakus se fusionaban mucho mejor, y fue al sexto intento cuando consiguió impactar en la pared sin que el ataque se disgregase prematuramente.  Giró para probarlo con un muñeco de entrenamiento, el cuál era de madera de roble. Resistente a golpes, pero no a cortes. Además, eso a él poco le importaba, puesto que quería comprobar cuánta capacidad de perforación podía alcanzar su ataque. Sin más, se dirigió hacia dicha zona, hasta quedar parado y prepararse.

- ¡Rankyaku Hakurai!

Gritó, mientras que movía con fuerza sus dos piernas, consecutivamente. Dos haces cortantes salieron de ellas, con una trayectoria que terminó por chocar a un metro y medio de su posición. Cuando hicieron contacto la una con la otra, se emitió un brillo lumínico indicando la fusión de ambos componentes, creando un Rankyaku en forma de equis bastante más grande de lo normal. Este mezcló las dos trayectorias de sus anteriores formas, yendo hacia el maniquí de madera. Rebanándole el cuello como si de un trozo de pan se tratase,  la cabeza cayó al suelo a la par que el haz se perdía por el fondo de la habitación, impactando contra una pared metálica. Por fin, lo había conseguido. Había dominado la técnica.

Secándose la frente con su guante derecho, retiró todo rastro de sudor que había estado cubriendo su cuerpo debido al duro entrenamiento realizado. Con una gran sonrisa, dirigió sus pasos hacia la puerta de salida de aquella habitación, moviéndose con unas pisadas un poco cansadas y vagas. Ciertamente, aquel entrenamiento del Rokushiki le había dejado seriamente agotado, y ahora tendría que descansar durante un buen tiempo para recuperar la vitalidad consumida. Sin embargo, había añadido una buena técnica a su repertorio, un buen as que podría usar cuando la innovación fuera su única meta de escape. El joven Finnick empezaba su aventura en la jerarquía del Gobierno, y no tardaría mucho en comenzar a escalar por ella. Tenía el potencial, las habilidades y la sensualidad requeridas, o incluso más de lo normal. Había nacido para ser una persona importante, y la rapidez con que había dominado aquella técnica era motivo suficiente para refutarlo. Así que cerró la puerta detrás de él, dirigiéndose a su propia habitación y sacando la libreta de su chaqueta. Cogiendo un bolígrafo, tachó el nombre de la técnica que había aprendido, y se tumbó en la cama, cerrando los ojos, rindiéndose al abrazo de Morfeo, el Dios del Sueño.
Rankyaku "Hakurai" - "Pierna tormenta de rayo blanco". Utilizada por Kaku, da dos patadas en forma de tijera haciendo al haz más poderoso

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